FLAMEAR LAS UBRES, UNA ALTERNATIVA

Aunque parezca curioso, en esta zona de las vacas crecen unos diminutos vellos en los que muchas veces queda barro, estiércol o cualquier otro tipo de sustancia, que en ocasiones no cae con una simple limpieza y ocasiona enfermedades en los cuartos y hasta mastitis.

La limpieza de las ubres es una actividad que debe hacerse a diario, especialmente en los hatos dedicados a la lechería, toda vez que esa zona es sensible a contraer enfermedades y ello pone en riesgo la calidad de la leche que se extrae.

Sin embargo, hay un elemento del cuerpo de las hembras que no es tenido en cuenta y que puede ser la causa para que la mastitis u otra clase de infecciones aparezcan: los vellos o pelos que hay sobre la ubre. Allí se pueden quedar rastros de tierra, estiércol o barro, que facilitan la propagación de enfermedades y males sobre los cuartos.
Para esto, hay una alternativa sencilla para erradicar esos filamentos y es el flameado. Una técnica que pretende quemar, sin ir a lastimar a la hembra, aquellos vellos que están en la ubre y la base del pezón. Ese procedimiento puede hacerse a través de un soplete que permite extirpar suavemente los pelos, sin necesidad de acudir al rasurado que en ocasiones causa irritaciones.

La principal ventaja de esta técnica es que se crea un ambiente más limpio al interior de los hatos, ya que se reducen las células somáticas y las unidades formadoras de colonia, por lo que se garantiza una mejor calidad de la leche.
“El flameo debe hacerse cuando la llama está roja, así se quitan los vellos que crecen en esas zonas incómodas. De esta manera se evita afeitar la zona, que es otra alternativa usada, sin causar enrojecimientos que también pueden generar dolor al momento del ordeño”.
Felipe Figueredo, especialista en Producción Lechera, Reproducción y Climatología, indicó que las vacas al principio del procedimiento se inquietan un poco debido a que reciben un pequeño calor al que no están acostumbradas, pero que no es peligroso; no obstante, este procedimiento debe ser realizado por manos habilidosas para no dañar la ubre. ­

Agregó que el proceso es muy rápido, ya que una persona con práctica puede flamear cerca de 14 vacas en un lapso de 8 a 10 minutos, y de paso reiteró que esta labor debe realizarse cada 15 días como mínimo, ya que los pelos del animal vuelven a crecer.

“Posteriormente, se hace el presellado y el secado, o sea, la operación normal de ordeño, pero en condiciones más higiénicas. Es un procedimiento muy importante que deben incorporar los productores y que también se puede realizar en vacas recién paridas”.

Si el productor nunca ha hecho el flameado sobre sus hembras, se recomienda hacerlo sobre vacas de descarte, para no poner en riesgo a aquellas que están en producción mientras que obtiene la práctica deseada.

Ésta técnica puede convertirse en un aliado para su ganadería, mostrando mejores resultados.